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Día del Seminario 2015: testimonio personal

Cercana ya la fiesta de san José, la Iglesia de Valencia celebra el día del seminario, como ya es costumbre el domingo previo a las fallas. El lema escogido este año es “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?”. En este año de santa Teresa de Jesús, se nos propone esta pregunta. Y es que es, una pregunta que todo sacerdote, seminarista, religioso y laico cristiano se ha hecho alguna vez. Porque, todos nos hemos encontrado en encrucijadas de la vida,  que gracias a la fe hemos sido capaces de dar razón y sentido a nuestras decisiones.

Ese sentido de la decisión, de la determinación, es el cumplimiento de nuestra vocación. Cuando recordamos las primeras decisiones laborales de la infancia, miramos con ternura aquellos deseos, y reflexionamos sobre cómo ha cambiado nuestra vida desde entonces. Montones de anécdotas pasan por nuestra cabeza hasta nuestra realidad, y eso es, porque hemos ido llenado la vida de experiencias que nos han conformado en lo que somos. Y con esto quiero destacar, que la vocación no es sólo un elemento laboral, sino que es un camino que recorre toda nuestra vida y nuestro ser. La vocación debe articular nuestro día a día, realizando aquello que el Señor manda de nosotros, porque la vocación es un don de Dios que da a todo hombre y mujer. Esta vocación se concreta en nuestra vida cristiana como una vocación al apostolado, a una fusión entre la fe y la práctica cristiana, buscando una armonía perfecta entre lo que hacemos y lo que creemos.

La vocación cristiana se centra en una llamada y una respuesta, al igual que lo hizo Cristo con sus discípulos. “Él les dijo: “Venid y lo veréis”. Entonces fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él”(Jn 1, 39). Pero a cada uno nos llama a una vocación y hoy en concreto me refiero a la vocación sacerdotal. Esta vocación al ministerio sacerdotal es difícil de entender si uno no la ha sentido en su propia persona. Uno  puede admirar, rechazar o sentirse indiferente ante esta vocación que no comparte, pero difícilmente entenderá cómo se puede dar en un joven una situación de llamada y la respuesta posterior. Es por ello que me gustaría dar un breve testimonio vocacional. Mi vocación nace en la adolescencia, no en un momento concreto, sino en el despertar de mi interés por la parroquia y la realidad que la envolvía. Poco a poco fui integrándome a la vida parroquial, ayudando a misa, siendo catequista, en el junior, viendo que esto era lo que me hacía realmente feliz. Fue en estos sitios y en la oración de día a día, donde contemple la vocación sacerdotal. Decidí finalmente dar el paso de ir al seminario, cuando terminaba la carrera a principios de 2013, y poder así responder a la llamada que Dios me estaba haciendo, y convencido estoy me está haciendo, en mi segundo curso.

Por esto me gustaría hablar del seminario. El seminario es el lugar donde muchos jóvenes -hoy en Valencia superamos la centena, entre el Mayor y el Menor- discernimos esta vocación al ministerio sacerdotal a la que hemos sido llamados. Nuestra formación para un mejor discernimiento, se basa en el aspecto humano, espiritual e intelectual. Desarrollamos nuestra vida en comunidad y ahí aprendemos a conocer a los demás al igual que a nosotros mismos, con sus defectos y virtudes. Pero si algo es fundamental, y básico en el seminario es la oración y el estudio, en este orden. Lo que oremos y estudiemos hoy, será lo que podremos llevar mañana a los feligreses de las parroquias donde nos destinen, y más ante la crisis de fe que vivimos hoy en día. Sólo de esta manera podremos ayudar y servir a la Iglesia y a los demás.

“Vuestra soy, para vos nací;

¿Qué mandáis hacer de mí?”

Con estas palabras de santa Teresa de Jesús, lema de este año para el día del Seminario, me gustaría concluir haciendo un llamamiento a buscar nuestra vocación, sobre todo a fundamentarla y darle el sentido de servicio que la santa de Ávila le dio. Qué tanto, sacerdotes, religiosos, matrimonios, como fieles laicos, fundamenten en Cristo, nuestro Cristo de la Fe, su vocación que un día recibieron, y que la sigan afirmando día a día con fidelidad y servicio.

Félix Perona Esteve

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