Confidencias del mes del Rosario

Señor: en este mes que la Iglesia recuerda a tu madre con la advocación de la Virgen del Rosario, te doy gracias por darme a María como madre. Gracias porque pensaras en mí en tus últimos momentos de vida, entregándome a la Madre de Dios para que no me faltara modelo y protección. Señor, Tú siempre quieres lo mejor para mí, y para mi santificación pones a mi alcance el ejemplo de la mujer que logró ser santa acatando la voluntad del Padre, "hágase en mi según tu palabra". Permaneciendo fiel a pesar de las dificultades, el dolor y las incomprensiones: "He aquí la esclava del Señor". 

Ella es el camino para encontrarte siguiendo su consejo de: "hacer lo que Él os diga". Su ejemplo me enseña que la confianza en la Providencia y la perseverancia en la oración son caminos seguros de salvación. "Guardaba todas la cosas y las meditaba en su corazón". A ella, "que extiende su maternidad a todos los hombres, nos dice el Papa Francisco, le confiamos el grito de paz de las poblaciones oprimidas por la guerra y la violencia, para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalga sobre las tentaciones de la venganza, de la prepotencia, y de la corrupción" (Ángelus 1-1-2014).

Madre: quisiera acogerte en mi casa como lo hizo Juan. Hacerte participe de mis amores, logros y derrotas. Pedirte que al final de mi caminar regrese siempre a tu casa; que desoiga las voces del mundo y recurra a ti cuando el peligro o la tentación me acosen. Caminar contigo es caminar con Jesús: "Hacer todas las acciones propias, por medio de María, con María, en María y por María, es estar de acuerdo de forma perfecta como Jesús, con Jesús y por Jesús". Acogerte a ti madre, es tomarte como maestra, protectora y guía, porque nadie mejor que Tú me conoce y conoce los deseos que tu Hijo , mi Señor, me tiene destinado. 

Nada de lo que yo haga, a ti madre te es desconocido, y mis desvíos y olvidos con el Señor sabes justificarlos porque, como mujer, conoces la debilidad humana y la maldad del enemigo. Como dice san Gregorio: "cuanto más elevada y santa es ella, tanto más es dulce y piadosa con los pecadores que quieren enmendarse y a ella acuden" . 

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

Tu ejemplo de vida, madre, me enseña que a pesar de las noches oscuras y momentos de angustia que lleguen a mi vida, debo permanecer firme en la fe. Me entristece comprobar las ofensas que recibe el Señor en especial de sus más cercanos; de que la sociedad viva sin Dios; de que la humanidad se prepare para la guerra y corra hacia su gran ruina. Me consuela oírte decir que "no me llene de angustia. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿Acaso no soy tu ayuda y protección?", Madre de todos los hombres enséñanos a decir Amén.

Sea por siempre bendito y alabado