Señor: en este tiempo litúrgico, la Iglesia me invita a meditar sobre el amor que brota hacia mí de tu Sagrado Corazón. Que piense sobre el entusiasmo amoroso que sientes por esta tu criatura. La luz del Espíritu Santo me da a conocer que Tú solo sabes amar, que eres amor, y que si yo te amo es porque Tú me has enseñado a amar y que por amarme te abajas hasta mí. Tomas mi carne asumiendo todas sus consecuencias; pagas con tu vida mi rescate y te haces pan para que yo viva. No son palabras bonitas sino hechos que lo confirmas con tu muerte. “Dios demuestra su amor hacia nosotros porque, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm 5,8)
Aunque sabías, Señor, que “El mundo no te reconocería y que los tuyos no te recibieron” respondes que si nos amas, no es porque “nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” Yo te amo, Señor con todo mi ser, pero reconozco que mi amor nace de un corazón humano, sujeto al tiempo, a influencias, a emociones y decepciones, a engaños, al deterioro físico y mental.
Reconozco, Señor, que estoy muy lejos de cumplir con lo que me pides en el principal mandamiento: “Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas” Me duele descubrir que a pesar de los muchos años que te conozco, me tengas que preguntar cada día como a Pedro si de verdad te quiero. Me conforta saber que Tú me quieres tal como soy. Que debo alegrarme porque el corazón del Creador de cielos y tierra piensa en mí, me llama por mi nombre y es eternamente misericordioso. "Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes, y no hay pecado, defecto o error que le haga cambiar de idea"
Señor: creo que Tú eres el mismo hoy que el Jesús de los Evangelios, y si entonces lloraste por la muerte de un amigo, pienso que hoy, resucitado y glorioso, también sufres porque el mundo dice que no te necesita; sufres porque te niego ante cualquier “criada” Decía el Papa Francisco : "Olvidar a Dios que nos ha creado, que nos ha hecho crecer, que nos ha acompañado en la vida: esta es la desilusión de Dios”
La Virgen, como madre, y en su advocación del Inmaculado Corazón de María, pide en sus apariciones, la necesidad de la oración y la penitencia para reparar los pecados del mundo. "No ofendan más a Nuestro Señor que ya está muy ofendidos. San Juan Pablo II decía: “De María aprendemos a amar a Cristo, su Hijo y el Hijo de Dios. De ella aprendemos a ser siempre fieles, a confiar en que la Palabra de Dios se cumplirá en nosotros, que nada es imposible para Dios.”
-Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
Señor: me dices en el Deuteronomio que: “Dios se enamoró de vosotros, por puro amor de Él” Un amor gratuito, infinitamente paciente, que no espera a que yo haga méritos, ni me castiga porque le olvide. “Es un amor que no exige la realización de grandes cosas, se manifiesta en las circunstancias ordinarias de la vida” Ese corazón enamorado lo revelaste aquella noche de Jueves Santo donde instituiste la Eucaristía, y hoy sigues enamorado cuando te haces presente a las palabras del sacerdote: “Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros” “Señor quisiera recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu santísima Madre y con el espíritu y fervor de los santos” y así poderte decir , con Teresa de Ávila: “que mi amado es para mí y yo soy para mi amado”
-Sea por siempre bendito y alabado
