
Señor: meditando el pasaje del evangelio donde te encuentras con Zaqueo, siento que como a él, me llamas por mi nombre y me repites: “Baja pronto, hoy tengo que alojarme en tu casa”. Tú Señor quieres entrar en mi vida, que forme parte de los que eliges para adorarte, para llevar tu palabra a los ciegos sentados en mi camino. Contar conmigo para ser el árbol en el que puedan verte. Me pides que te aloje en mi vida y que no me importe la crítica por recibir a Jesús de Nazaret. «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador».
Reconozco, Señor, que no soy digno de acogerte en mi casa, pero necesito encontrarme contigo, que formes parte de mi vida. “La Eucaristía es encontrarse con alguien que te está esperando” Si mi fe no fuera tan teórica me sentiría feliz sabiendo que Jesús de Nazaret me llama y me invita a despojarme de mis proyectos para que siguiendo los suyos puedas decirme: “Hoy ha llegado la salvación a tu casa”
Señor: que quieras entrar en mi casa “hoy”, pienso que lo dices porque lo has intentado muchas veces; etapas en que me has visto pero yo no te mirado y no te he invitado a que te alojes en mi casa. Me ofreces la salvación y la he pospuesto para más tarde. A lo largo de mi vida muchas veces me has manifestado tu deseo de alojarte en mi casa y una y otra vez te he respondido: ”Mañana le abriremos, para lo mismo responder mañana”. ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
Para ti, Señor, no existe el mañana, cada día me repites: “date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa”. Debes perdonarme Señor, por no valorar que quien desea quedarse en mi casa y constituir un solo ser, es el Primogénito de Dios, el Hijo de Dios vivo, el Señor del cielo y de la tierra, el Maestro, el Mesías, el Hijo Amado del Padre, el Salvador del mundo, el camino, la verdad y la vida. Abre mis ojos de carne y dame tu gracia para poder verte hoy, y como Zaqueo “bajar enseguida y recibirte muy contento” y agradecerte que compartas la casa de un pecador arrepentido.
-Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
Señor: muchas veces me pregunto por qué has puesto tu mirada en mí; qué motivo tienes para que entre la multitud te fijes en quien sólo sentía curiosidad por verte pasar. “Y Jesús se detuvo, no pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, lo miró con paz. Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes” Quisiera Señor, responderte con la generosidad de Zaqueo y devolver lo que siendo tuyo me he apropiado, y oírte decir: “Hoy ha llegado la salvación a tu casa”.
-Sea por siempre bendito y alabado
